
UTU incorpora tecnología de punta para mejorar la genética ovina
Laura Pereyra
Mientras muchos piensan en innovación como algo reservado para las grandes ciudades, en el corazón rural del país, la Escuela Agraria Superior La Carolina está demostrando que el futuro del agro ya está ocurriendo. En este centro educativo ubicado en el departamento de Flores, la UTU ha implementado una herramienta revolucionaria: la ultrasonografía aplicada a la genética ovina.
Este avance, poco común aún en entornos educativos, está cambiando la manera en que los estudiantes aprenden y se vinculan con la producción animal. A través de esta tecnología, es posible clasificar al ganado ovino según su composición corporal, estimar con precisión el valor de sus canales y —sobre todo— optimizar los procesos de selección genética.
La aplicación de la ultrasonografía en ovinos permite analizar aspectos clave como el área del ojo de bife, el grosor de la grasa subcutánea y el grado de marmoleo. Estos datos no solo mejoran la calidad de la carne, sino que también sirven para construir los llamados DEP (Diferencias Esperadas en la Progenie), indicadores fundamentales para guiar decisiones de mejora genética.
“Esta herramienta tiene un impacto directo en la eficiencia y calidad de la industria cárnica ovina”, explicó uno de los técnicos vinculados al proyecto. “Pero además, es una experiencia educativa única para los estudiantes, quienes no solo aprenden teoría, sino que generan datos reales que alimentan sistemas de evaluación profesional”.
La escuela ha articulado este trabajo con INIA Tacuarembó, logrando que las prácticas en el plantel ovino sean de alto valor técnico. Junto con los estudiantes, se realizan mediciones por ultrasonografía en la categoría recría. Luego, los datos se procesan y almacenan en el Sistema Sular, un software utilizado en evaluaciones genéticas a nivel nacional.
Este proceso no solo fortalece el aprendizaje, sino que coloca a los estudiantes en una posición privilegiada: están formándose con herramientas que serán estándar en el futuro cercano del agro. En un mundo que exige cada vez más trazabilidad, sostenibilidad y precisión en la producción animal, esta iniciativa convierte a La Carolina en un modelo a seguir.
Y no es solo una buena noticia para Flores. Es una señal clara de que Uruguay puede liderar la innovación desde el campo, con jóvenes que entienden tanto de genética como de tecnología. En tiempos donde el conocimiento se vuelve un activo estratégico, esta experiencia demuestra que invertir en educación agropecuaria es sembrar futuro.


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