
Ganado uruguayo retorna desde Turquía: qué pasó y qué se sabe
Laura Pereyra
En nuestra columna de Somos Agronegocio seguimos de cerca un caso que pone al descubierto los desafíos operativos de la exportación de ganado vivo desde Uruguay. Un carguero bajo bandera togolesa, el Spiridon II, zarpó de Montevideo el 19 de septiembre con aproximadamente 2.900 vacas uruguayas, la mayoría hembras, con destino a Turquía. Tras llegar a las costas turcas, frente al puerto de Bandırma, el 22 de octubre, el buque fue rechazado por las autoridades locales el 21 de octubre al detectar irregularidades en la documentación de los animales.
Según declaraciones del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, el problema no es sanitario sino “comercial entre operadores”, ya que —dijo— pudieron haberse embarcado animales que no figuraban en la nómina certificada por el ministerio. En concreto, varias vacas carecían de aretes o chips identificatorios y cerca de 469 no coincidían con las listas oficiales, lo que llevó a Turquía a denegar el desembarque.
Mientras tanto, la operativa se ha vuelto crítica: el barco estuvo retenido durante más de tres semanas sin poder descargar, mientras las reses permanecían en el mar en condiciones extremas de hacinamiento, falta de ventilación y recursos limitados. ONG’s estiman que al menos 48 animales han fallecido hasta ahora. Fratti confirmó que se entregó comida adicional al buque, pero adelantó que todo depende del avance de la reunión prevista con autoridades turcas para esclarecer responsabilidades.
Desde el punto de vista logístico y comercial esta situación revela una debilidad grave: la trazabilidad y la correspondencia entre lo embarcado, lo certificado y lo ingresado al mercado destino. El hecho de que un cargamento uruguayo —con reputación sanitaria reconocida— quede inmovilizado por más de tres semanas, deja a la vista la necesidad urgente de fortalecer los procesos de control y operación en exportaciones de ganado en pie.
Para el sector agropecuario del interior de Uruguay el episodio también genera inquietud: se pone en juego la competitividad, la credibilidad exportadora y el riesgo de que estos imponderables afecten la cadena de valor ganadera. En definitiva, es una historia que no solo toca la ética del transporte animal, sino también la operativa, la logística internacional y la reputación del agro uruguayo.


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