
Miles de jinetes rindieron homenaje a Artigas en la Meseta.
Laura Pereyra
Ni la lluvia, ni el barro, ni el viento que atravesaba el cielo gris pudieron detener el paso de la tradición. Este domingo, como hace ya 31 años, la Meseta de Artigas volvió a ser el escenario de una de las celebraciones más emblemáticas: el Encuentro con el Patriarca. Más de 7.000 jinetes llegaron a rendir tributo a José Gervasio Artigas, cerrando cuatro jornadas de cabalgata que unieron puntos históricos de nuestro departamento.
La marcha, iniciada el jueves en la Expo Feria de Paysandú, atravesó Constancia, Queguayar, Chapicuy y tenía previsto incluir Quebracho, aunque las lluvias obligaron a cancelar la Noche de los Fogones, tradicional escala cultural. Sin embargo, el espíritu del homenaje resistió. A pesar de los caminos deteriorados, que impidieron desfilar a algunas aparcerías, la meseta recibió a miles de visitantes que dijeron presente con banderas, termo, mate y sapucays.
A las 11.42, comenzaron a llegar los primeros caballos. El desfile se extendió por más de una hora y media ante la mirada del público y autoridades como el intendente Nicolás Olivera, diputados, alcaldes y delegaciones vecinas. Más de 300 agrupaciones tradicionalistas desfilaron con orgullo, muchas de ellas con atuendos típicos, niños a caballo y banderas que unían tradición e identidad: las de Uruguay, Artigas, los 33 Orientales y, claro, la de Paysandú.

Desde Rivera hasta Colonia, las aparcerías hicieron del recorrido un verdadero mosaico de memoria y cultura viva. El relato del locutor Hugo Núñez, sumado a las voces de los payadores Leonardo Silva y Walter Silveira, acompañó la emoción de quienes veían pasar generaciones enteras reafirmando su pertenencia.

El intendente Olivera, en su discurso central, puso palabras al sentimiento colectivo: “Lo que nos convoca hoy no es un mármol, sino sus ideas. Artigas pensó en libertad y justicia social desde este mismo suelo. Y aquí estamos, diciendo presente al mejor de los orientales”.

Tras el discurso, se realizó la tradicional ofrenda floral al pie del monumento, escoltada por varias aparcerías. El toque de silencio fue el punto culminante de una jornada en la que el homenaje se transformó en promesa: la de seguir cultivando las raíces de nuestra historia.
Lo que empezó en 1994 como la marcha de un puñado de jinetes desde Arbolito hacia la meseta, hoy es la mayor cabalgata del país. Una tradición apropiada por el pueblo, que año a año crece en participación, especialmente entre los jóvenes.


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