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Con un índice de desempleo del 12,3% y una informalidad laboral que alcanza el 28%, Paysandú enfrenta una crisis estructural marcada por la falta de planificación y coordinación entre los distintos actores sociales y estatales.
Actualidad16 de julio de 2025
Jean Pierre DutraEl último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) reveló cifras preocupantes para Paysandú: el departamento se ubica en el segundo lugar a nivel nacional en cuanto a desempleo, con un 12,3%, y registra un índice de informalidad laboral del 28%. Aunque la informalidad no es el principal problema a nivel país, su impacto en Paysandú es significativo, especialmente por las dificultades que implica para acceder a la seguridad social y a derechos laborales básicos.
Expertos sostienen que si bien Uruguay logró avances importantes en la formalización del trabajo desde los años 2000, actualmente el proceso está estancado. A nivel nacional, la informalidad no es el problema central, pero en contextos departamentales como el de Paysandú, se vuelve crítico, ya que afecta especialmente a los sectores más vulnerables: jóvenes en búsqueda de su primer empleo, adultos mayores, y personas con bajos niveles de educación formal.
“Los que están en la informalidad son generalmente los más golpeados. No acceden a sistemas de seguridad social, a cobertura médica, ni a jubilación. Por eso es fundamental actuar sobre este tema con firmeza y coordinación”, expresó una fuente consultada con conocimiento del área laboral.
Más allá de los datos duros, hay un consenso creciente sobre un problema estructural más profundo: la falta de un eje de desarrollo departamental claro. Paysandú no cuenta con una estrategia concreta que integre a todos los actores —Estado, sector privado, academia y sociedad civil— para definir un camino común de crecimiento y empleo sostenido.
Aunque existen algunas líneas de acción incipientes, los esfuerzos aparecen dispersos y sin una dirección estratégica. “Lo que nos pasa mucho es eso de que quien mucho abarca, poco aprieta. No hay una línea clara. Tenemos iniciativas, sí, pero nos falta coordinación, foco y planificación a largo plazo”, se afirmó.
La ausencia de un plan integral de desarrollo se refleja en la dificultad para atraer inversiones, diversificar la matriz productiva y generar empleos de calidad. Las oportunidades se diluyen entre pequeños esfuerzos descoordinados, sin una visión de mediano y largo plazo que convoque a todos los sectores a trabajar en conjunto.
Para revertir esta situación, se plantea la necesidad de simplificar los procesos de formalización, que hoy resultan complejos y, en muchos casos, desincentivan a los pequeños empleadores a registrar a sus trabajadores. También se apunta a mejorar la difusión de programas de empleo, especialmente aquellos que ofrecen beneficios a quienes contraten jóvenes o mayores de 50 años.
“Hay herramientas disponibles, pero falta información. Muchos empleadores desconocen los beneficios de los programas de empleo actuales. Ahí hay que hacer un trabajo fuerte de comunicación y acompañamiento”, se destacó.
Asimismo, se propone avanzar en procesos de contralor más eficientes desde el Ministerio de Trabajo, junto con medidas de apoyo técnico y financiero a pequeñas empresas que operan en condiciones informales y que podrían regularizarse con apoyo adecuado.
El camino para enfrentar esta realidad no es sencillo, pero requiere de un trabajo conjunto entre el gobierno nacional, el departamental, la Universidad de la República, las cámaras empresariales y las organizaciones de la sociedad civil. Solo así se podrá diseñar y ejecutar una estrategia sostenible que transforme las debilidades actuales en oportunidades reales de desarrollo.
Mientras tanto, Paysandú sigue en el foco por sus preocupantes indicadores laborales, que no solo reflejan una coyuntura, sino una urgencia estructural que exige voluntad política, acuerdos sociales y planificación seria.

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