La inauguración de la nueva Terminal de Tambores, levantada sobre la antigua Estación de AFE, despertó una fuerte carga emocional entre los vecinos de la localidad. Para quienes nacieron, crecieron y formaron su vida en este rincón del interior sanducero, el edificio no es solo una obra de infraestructura: es la recuperación de un símbolo que estuvo durante años al borde del abandono y que hoy vuelve a latir como espacio de vida comunitaria.
“Era algo que se esperaba desde hace mucho tiempo”, expresó una de las vecinas entrevistadas durante la jornada inaugural. Recordó que la vieja estación “se estaba quedando en ruinas, cada vez más fea”, y que el deterioro generaba tristeza en el pueblo. Por eso, la remodelación no solo embellece el lugar, sino que significa “vida para Tambores”, devolviendo dignidad a un sitio cargado de historia.
Un espacio que vuelve a generar movimiento
Las vecinas coincidieron en que la nueva terminal traerá mayor movimiento al pueblo. La llegada y salida de ómnibus, el tránsito de visitantes y la posibilidad de contar con un espacio amplio para actividades sociales y culturales son vistos como oportunidades concretas para revitalizar la localidad.
“Va a ser un lugar donde llegue gente, donde el pueblo tenga más vida”, señaló otra residente, destacando que el edificio también ofrece un espacio apto para fiestas, encuentros y eventos, algo muy valorado de cara al verano. “Al pueblo le hacía mucha falta algo así”, resumió, con entusiasmo.
La percepción general es que la obra no solo cumple una función práctica vinculada al transporte, sino que abre nuevas posibilidades de encuentro y disfrute para los vecinos, especialmente en una comunidad que durante años sintió el peso del aislamiento y la falta de inversiones.
Memoria, afecto y pertenencia
Entre los testimonios recogidos, se repite un sentimiento de profundo apego a la antigua estación. Una vecina, nacida y criada en Tambores, relató con emoción su vínculo con el lugar: “Nosotros estábamos muy encariñados con la estación”. Recordó cómo, con el paso del tiempo, verla en ruinas resultaba doloroso, hasta que finalmente llegó la decisión de recuperarla.
“Gracias a Dios tuvieron la idea de hacer este precioso edificio”, expresó, aún recorriéndolo y reconociéndolo por primera vez tras su reapertura. Para ella y para muchos habitantes, la remodelación representa un gesto de reconocimiento hacia el pueblo, una señal clara de que “alguien miró por Tambores”.
Un antes y un después para la localidad
Las vecinas coincidieron en que la obra marca un punto de inflexión. “Esto puede ser el principio de algo muy importante”, afirmó una de ellas, convencida de que la nueva terminal puede convertirse en motor de otros cambios y mejoras. El solo hecho de que se haya invertido en un lugar históricamente postergado es visto como una señal alentadora para el futuro.
La memoria colectiva también estuvo presente al evocar los tiempos en que los trenes de pasajeros llegaban a la estación. “Era el recreo de la gente venir a verlos”, recordaron. La estación era punto de encuentro, de despedidas y reencuentros, y también un nodo clave para la producción, con trenes cargados de ganado y mercaderías que conectaban a Tambores con otras regiones.
Un símbolo que vuelve a latir
Hoy, sin trenes pero con una terminal moderna y funcional, ese corazón ferroviario vuelve a cumplir un rol central en la vida del pueblo. Para los vecinos, no se trata solo de una obra “linda” o “prolija”, sino de un símbolo recuperado que devuelve identidad, orgullo y esperanza.
La nueva Terminal de Tambores se erige así como mucho más que un edificio: es memoria, presente y futuro. Un lugar donde el pasado se honra, el presente se disfruta y el porvenir comienza a tomar forma.











