
Pablo Suárez pidió más espacios de silencio y formación docente para atender mejor el autismo
Esteban Obertti
La Junta Departamental de Paysandú realizó una sesión especial dedicada a la sensibilización, reflexión y concientización sobre el Trastorno del Espectro Autista, instancia en la que participaron especialistas vinculados a la temática. Entre ellos estuvo el Dr. Pablo Suárez, quien realizó una exposición centrada en la importancia de adaptar los espacios de atención, fortalecer la formación docente y mejorar el acceso a especialistas en todo el país.
Suárez compartió parte de su experiencia en la atención cotidiana de niños con TEA y relató una situación que muestra con claridad las dificultades que muchas familias enfrentan al momento de concurrir a un servicio de salud. Según explicó, en el hospital comienza su consulta a las 6:30 de la mañana justamente porque a esa hora no hay movimiento en la policlínica y puede atender a los pacientes en un ambiente más tranquilo.
El especialista contó que muchas veces trabaja con la puerta del consultorio abierta, permitiendo que el niño pueda entrar, salir o circular hacia el pasillo si lo necesita. Esa dinámica, que en otro horario sería difícil por la presencia de personas, ruidos y movimiento, permite una atención más respetuosa de las necesidades sensoriales de cada paciente.
“Son niños que necesitan silencio”, expresó.
El planteo de Suárez no se limita a la atención pediátrica. Durante su exposición advirtió que esos niños van a crecer y deberán enfrentar otros trámites y situaciones cotidianas: ir al hospital a sacarse sangre, retirar medicación, concurrir a oficinas públicas o realizar gestiones en distintos organismos. En muchos casos, el ruido, la espera y la sobrecarga sensorial pueden hacer que la persona se retire sin poder completar el trámite.
El médico señaló que esta realidad también debería ser tenida en cuenta en lugares como la Intendencia u otras dependencias públicas, donde muchas veces sería necesario contar con espacios de silencio o condiciones más adecuadas para personas con TEA.
Suárez también puso sobre la mesa una mirada más amplia sobre el diagnóstico. Indicó que, cuando se diagnostica a un niño, muchas veces aparecen antecedentes en la familia, especialmente en madres que durante toda su vida pudieron haber tenido alteraciones sensoriales o sensitivas sin haber sido identificadas como parte del espectro autista.
En ese sentido, mencionó que algunas mujeres con cuadros como anorexia o bulimia han sido posteriormente vinculadas al Trastorno del Espectro Autista, lo que muestra cómo muchas personas pasaron desapercibidas durante años.
“Muchas de esas mujeres son autistas y pasaron desapercibidas”, señaló.
Otro eje central de su intervención fue la formación docente. Suárez sostuvo que la formación de los docentes no incluye de manera suficiente contenidos sobre trastornos del neurodesarrollo, algo que considera fundamental, ya que estos niños estarán presentes en escuelas y liceos.
Para el especialista, los educadores necesitan herramientas desde su etapa de formación para poder identificar, comprender y acompañar mejor estas situaciones en el aula. No se trata únicamente de integrar, sino de saber cómo actuar frente a necesidades diversas.
“La formación docente no tiene formación del desarrollo, y creo que los docentes tienen que tenerla porque lo van a ver en la escuela y en el liceo”, afirmó.
Suárez también hizo referencia a la desigualdad que existe a nivel nacional en el acceso a especialistas. Si bien sostuvo que Paysandú muchas veces debe valorar los recursos con los que cuenta, advirtió que hay lugares del país donde la situación es muy distinta y el acceso a neuropediatras o psiquiatras infantiles es extremadamente limitado.
Como ejemplo, relató que está realizando consultas vía Zoom con Bella Unión, donde había una lista de más de 500 pacientes sin acceso a consulta con neuropediatra. Para el médico, esa realidad muestra una fuerte heterogeneidad territorial que obliga a pensar soluciones más amplias.
Las interconsultas virtuales, explicó, buscan que esos niños puedan tener al menos una instancia de atención con un especialista en algún momento de su vida. Aunque no sustituye completamente la presencia territorial, permite acercar una respuesta donde no existen recursos suficientes.
La presentación dejó planteados varios desafíos: adaptar espacios públicos y sanitarios, generar entornos de menor sobrecarga sensorial, fortalecer la formación docente y reducir las desigualdades en el acceso a especialistas.
La sesión especial de la Junta Departamental permitió colocar el tema en agenda desde una mirada concreta y humana. El mensaje de Suárez fue claro: hablar de autismo no es solo hablar de diagnóstico, sino también de cómo la sociedad organiza sus espacios, sus servicios y sus respuestas para que las personas con TEA puedan transitar la vida cotidiana con mayor respeto, comprensión y accesibilidad.


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