
El intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, realizó declaraciones contundentes sobre el escenario actual de los gobiernos departamentales y su creciente implicancia en temas que exceden sus competencias tradicionales, como la salud, la educación, las adicciones y las desigualdades territoriales. Sus palabras, cargadas de firmeza y realismo, se dan en el marco de las negociaciones presupuestales que se avecinan entre las intendencias y el gobierno nacional.
Olivera comenzó reflexionando sobre cómo, a lo largo de los años, las demandas de la población siguen siendo prácticamente las mismas: “Cuando el intendente Orsi estaba acá, cuando fue presidente del Congreso, los temas eran más o menos los mismos. Algunos se agravaron, otros se aliviaron, pero las prioridades siguen vigentes”.
Enumeró con claridad cuáles son esas preocupaciones recurrentes que surgen al “tocar el timbre” de la realidad de los ciudadanos: la necesidad de empleo, la falta de acceso a la vivienda, la lucha contra la pobreza y las consecuencias del abandono en áreas críticas como la salud mental y las adicciones. “Nuestros jóvenes están buscando cómo salir adelante. Vivimos en un país donde si nacés pobre, solo tenés un 26% de posibilidades de terminar el liceo. En cambio, si nacés en un hogar acomodado, ese número sube al 75%”, enfatizó, dejando en evidencia la enorme brecha social.
En este sentido, el intendente sanducero señaló que, aunque la educación no es una competencia directa de los gobiernos departamentales, muchos municipios asumen responsabilidades que no les corresponden legalmente, pero sí moralmente. “Nosotros nos hacemos cargo de esas cosas que pasan, porque las vemos todos los días”, afirmó.
Olivera también se refirió a las dificultades que enfrentan las zonas rurales y del interior profundo. “El viejo y no resuelto tema de la campaña sigue vigente. Las inequidades territoriales están más vivas que nunca. No es lo mismo nacer en Pueblo Fernández en Salto, que nacer en Montevideo o en una ciudad con más servicios. Las oportunidades no pueden medirse en kilómetros, sino en el acceso que se tiene a ellas”, declaró con firmeza.
El jefe comunal destacó que estos desafíos deben estar en el centro del debate en los próximos días, cuando las intendencias se sienten a negociar con el gobierno nacional. Antes de eso, dijo, habrá que acordar entre los propios jefes departamentales una postura común.
“Tenemos una sola misión: hacer que las oportunidades estén al alcance de todos, sin importar dónde se nazca o viva. Que las distancias no signifiquen desigualdad, que el territorio no defina tu destino”, concluyó.
Las declaraciones del intendente Olivera no solo reflejan una mirada comprometida con la equidad social, sino también una advertencia clara sobre los límites estructurales del sistema actual. En un país donde las intendencias cumplen cada vez más roles clave en el tejido social, su reclamo por mayores recursos no es menor. La próxima instancia presupuestal será, sin dudas, una prueba de fuego para determinar si esas preocupaciones son escuchadas y atendidas desde el gobierno central.
Mientras tanto, Olivera y otros intendentes del interior del país siguen insistiendo: las realidades cambian poco si las decisiones y los recursos no se distribuyen con justicia.









