Museo Itinerante de Salto llegó al IFD con historia, memoria y piezas donadas desde distintos países

La muestra, curada por Pablo Villaverde, comenzó hace más de 10 años como una herramienta educativa audiovisual y hoy reúne fotografías antiguas, cámaras, documentos, piezas de megafauna, alfarería indígena y herramientas líticas.
Actualidad18 de junio de 2026Paola RubboPaola Rubbo

Escolares y liceales visitaron en el Instituto de Formación Docente la Muestra Itinerante de Salto, una propuesta educativa y cultural impulsada por el docente y tallerista audiovisual Pablo Villaverde, que desde hace más de una década recorre distintos espacios acercando historia, memoria y patrimonio a la comunidad.

El proyecto nació inicialmente como una herramienta de trabajo para las clases de audiovisual. Villaverde explicó que, en sus comienzos, la muestra estaba compuesta por fotografías, cámaras antiguas, filmadoras y películas, elementos que servían para enseñar desde lo visual, lo técnico y lo histórico.

“El Museo Itinerante nace primero que nada como una herramienta. Nosotros somos docentes talleristas del tema audiovisual”, señaló.

Con el paso del tiempo, la propuesta comenzó a crecer. A la colección inicial se sumaron documentos antiguos, piezas vinculadas a la megafauna, alfarería indígena, herramientas líticas y otros objetos que fueron ampliando el alcance del museo.

La idea original era llevar esos materiales a las escuelas como apoyo para las clases. Pero el interés que despertaba en estudiantes, docentes y público general hizo que el proyecto empezara a tomar otro camino. El museo dejó de ser solamente un recurso de aula y pasó a funcionar como una muestra con identidad propia.

“Queríamos que no solo lo lleváramos a la escuela cuando diéramos una clase, sino que se independizara y trabajara por sí solo como un museo itinerante”, explicó Villaverde.

Desde entonces, la muestra ha recorrido distintos lugares de Salto y de la región. Se ha presentado en centros educativos, actividades culturales, conciertos y espacios compartidos con emprendedores. Esa capacidad de adaptación es una de sus principales fortalezas: puede instalarse en una institución educativa, en una feria, en un evento artístico o en un espacio comunitario.

Villaverde contó, incluso, que en Salto llegaron a ser “teloneros” de otros espectáculos, compartiendo espacios con diferentes propuestas. Esa circulación permitió que más personas conocieran el proyecto y se acercaran con curiosidad, nostalgia o deseos de aportar.

“Hace 10 años que lo venimos haciendo y acá se ve, a patente imagen, que la cosa parece que funciona y gusta, por suerte”, expresó.

Uno de los aspectos más significativos del Museo Itinerante es el origen de sus piezas. Según Villaverde, el 99,9% de los objetos que integran la colección son donaciones realizadas por personas que siguen y acompañan el proyecto.

Las donaciones han llegado desde distintos puntos de Uruguay y también del exterior. El curador mencionó aportes recibidos desde Nueva Zelanda, España, Montevideo, Colonia, Rocha, Paysandú, Artigas, Brasil, Argentina e incluso Estados Unidos.

Algunas personas colaboran con fotografías o materiales antiguos. Otras envían apoyo económico o herramientas para continuar el trabajo de conservación y digitalización. Entre los aportes recibidos, Villaverde destacó escáneres destinados a digitalizar material antiguo, lo que permite preservar imágenes y documentos que forman parte de la memoria colectiva.

Muchas de esas donaciones tienen una fuerte carga afectiva. Personas que dejaron Salto hace muchos años siguen el proyecto a distancia, encuentran en las fotografías publicadas recuerdos de su infancia, de su escuela o de su barrio, y deciden colaborar.

“Hay gente que sigue el proyecto por nostalgia, se ha ido de Salto hace muchos años y a veces se encuentra en esas fotos cuando iba a la escuela”, relató.

La muestra también incluye piezas vinculadas a la presencia indígena en la región. Villaverde contó que parte de la alfarería y de los elementos líticos fueron encontrados en salidas cotidianas cerca del río, al observar el suelo durante caminatas o momentos familiares.

El paso del Museo Itinerante por el Instituto de Formación Docente permitió que escolares y liceales tuvieran contacto directo con objetos que cuentan historias. No se trata solo de mirar piezas antiguas, sino de activar preguntas, reconocer memorias y descubrir que el patrimonio también puede estar cerca, en una foto, una herramienta, una cámara o un fragmento encontrado junto al río.

La propuesta confirma el valor de las iniciativas culturales que nacen desde la docencia y crecen gracias al apoyo de la comunidad. Lo que empezó como una herramienta de aula terminó transformándose en un museo viajero, sostenido por la memoria colectiva y por personas que, desde distintos lugares, siguen aportando para que la historia circule.

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