Memoria, fe y compromiso cívico en el responso por la caída de Paysandú

A 161 años de 1865, el Padre Martín Miranda y la Juventud Nacionalista evocaron el sacrificio de los defensores y llamaron a renovar los valores de servicio y pertenencia a la patria.

Actualidad03 de enero de 2026Jean Pierre DutraJean Pierre Dutra

PADRE MARTÍN MIRANDA - Responso recordando la caída SANTIAGO TORRES - Juventud Nacionalista de Paysandú

En la tarde del 2 de enero, en el histórico Monumento a Perpetuidad, Paysandú volvió a reunirse para rendir homenaje a los defensores de la ciudad caídos en 1865. A 161 años del fin del asedio, el tradicional responso estuvo cargado de recogimiento, memoria y reflexión, con la oratoria del Padre Martín Miranda y de Santiago Torres, en representación de la Juventud del Partido Nacional en Paysandú.

El acto, que forma parte de las conmemoraciones anuales más sentidas por la comunidad sanducera, tuvo como eje central la evocación del sacrificio de quienes entregaron su vida en la defensa de la ciudad, así como la vigencia de los valores que inspiraron aquella gesta histórica.

Un lugar sagrado para la memoria colectiva

En su mensaje, el Padre Martín Miranda destacó el profundo simbolismo del sitio donde se desarrolló el responso. Señaló que se trata de un lugar emblemático para la ciudad, no solo por su valor histórico, sino también por su carácter sagrado. “Es un campo santo donde la tierra, regada por la sangre de estos valientes héroes conciudadanos, hoy abraza sus restos mortales”, expresó, invitando a los presentes a vivir el momento desde la oración y el recogimiento.

El sacerdote remarcó que, más allá de los discursos conmemorativos y de la memoria histórica, en ese espacio resuenan con fuerza las palabras de Jesús, palabras de verdad y de consuelo. En ese sentido, recordó el pasaje evangélico en el que Cristo anuncia: “Voy a prepararles un lugar y cuando esté preparado vendré a buscarlos”, vinculando la esperanza cristiana con el homenaje a los caídos.

La oración como acto de caridad

Durante su intervención, el Padre Miranda reflexionó sobre el significado de la palabra “difunto”, a la que definió como “aquel que ha terminado, que ha cumplido su misión”. Subrayó que el mayor acto de caridad hacia quienes ya no están no es solo recordarlos, sino rezar por ellos. “La oración toca a Dios y también nos abre a la salvación”, afirmó, destacando el sentido profundo del responso como gesto espiritual y comunitario.

Al referirse a los 161 años del fin del asedio a Paysandú, recordó que vecinos y soldados entregaron su vida para que las generaciones actuales puedan gozar de lo que hoy tienen, reforzando la idea de gratitud y responsabilidad histórica.

Traer la historia al presente

Por su parte, Santiago Torres, en representación de la Juventud Nacionalista, puso el acento en la necesidad de que la historia no quede únicamente en los libros, los relatos o las charlas. Señaló que el verdadero valor de estas conmemoraciones radica en traer el pasado al presente y asumir el legado de quienes defendieron la ciudad.

Torres expresó que quienes hoy se congregan en este acto comparten una vocación de servicio similar a la de aquellos defensores, una disposición a estar con el otro y a comprometerse con la comunidad. “Ellos sirvieron con su vida para que hoy estemos donde estamos”, afirmó, remarcando la importancia del sentido de pertenencia a la patria y de la responsabilidad cívica.

Un legado que interpela

El responso por la caída de Paysandú volvió a reafirmar que la defensa de 1865 no es solo un hecho del pasado, sino un legado que interpela al presente. Entre la fe, la memoria histórica y el compromiso ciudadano, la ceremonia dejó un mensaje claro: honrar a los héroes implica mantener vivos los valores de servicio, solidaridad y amor por la patria que guiaron su sacrificio.

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