
TEA: especialistas advierten que la inclusión en el aula requiere más recursos y apoyos
Esteban OberttiLa Junta Departamental de Paysandú realizó una instancia especial de sensibilización y reflexión sobre el Trastorno del Espectro Autista, con la participación de especialistas que abordaron el tema desde distintas miradas. Entre las expositoras estuvo la Dra. Virginia Ourthe Cabalé, quien destacó los avances logrados en materia de diagnóstico temprano, aunque también advirtió que todavía existen desafíos importantes, especialmente en el ámbito educativo.
La especialista explicó que en los últimos años los diagnósticos de TEA se realizan con mayor frecuencia. Según señaló, este aumento tiene múltiples causas: por un lado, puede haber un incremento real en la frecuencia de la condición, pero también inciden la mayor capacitación profesional, la sensibilización social y una mejor comprensión del espectro autista.
“Los diagnósticos se hacen más ahora. Esto es multicausal”, expresó.
Ourthe Cabalé remarcó que uno de los objetivos principales es llegar antes al diagnóstico. Cuanto más temprano se identifica la condición, mayores son las posibilidades de implementar abordajes adecuados y acompañar mejor el desarrollo del niño o la niña.
La médica explicó que el Trastorno del Espectro Autista no debe entenderse únicamente como una dificultad vinculada al lenguaje verbal. Si bien algunas personas dentro del espectro pueden no desarrollar habla, muchas otras sí tienen lenguaje verbal, aunque con particularidades en la comunicación, la interacción social y la forma de interpretar el mundo.
En ese sentido, señaló que las dificultades pueden aparecer en la reciprocidad socioemocional, en la comunicación no verbal, en la mirada, en el uso de gestos, en el desarrollo de vínculos acordes a la edad o en la comprensión de ciertos códigos sociales.
“Esto no es solamente ‘no habla’”, aclaró.
La especialista explicó que algunos casos pueden ser más sutiles y manifestarse, por ejemplo, en una interpretación muy literal del lenguaje. A muchas personas con TEA les puede costar comprender la ironía, el doble sentido o ciertos aspectos sociales de la comunicación.
También indicó que algunas personas pueden preferir estar aisladas, ya sea porque les cuesta el relacionamiento social o porque no tienen la misma necesidad de interacción que otras personas. Por eso, insistió en que cada niño, adolescente o adulto con autismo debe ser observado en su singularidad.
“Cada chiquilín o cada persona con autismo puede presentarse de diferentes maneras”, señaló.
Uno de los aspectos positivos mencionados por Ourthe Cabalé es que la brecha entre las primeras preocupaciones de los padres y el diagnóstico se viene acortando. Aunque todavía existe una demora, la especialista valoró que el sistema esté logrando identificar antes estas situaciones.
“Sabemos que sigue habiendo una brecha, pero se va acortando, y eso es muy bueno”, afirmó.
De todos modos, la médica advirtió que el diagnóstico temprano por sí solo no alcanza si luego no existen recursos suficientes para acompañar a los niños en sus trayectorias educativas y sociales. Allí ubicó uno de los principales desafíos pendientes: la inclusión real en el aula.
Ourthe Cabalé sostuvo que muchas veces se habla de inclusión, pero llevarla a la práctica es complejo. Requiere formación docente, apoyos adecuados, acompañamiento especializado y herramientas concretas dentro de las instituciones educativas.
“Podemos hablar mucho de inclusión, pero bajarlo a tierra no es tan sencillo”, expresó.
La especialista mencionó especialmente la necesidad de acompañantes terapéuticos para muchos niños con diagnóstico de TEA. Según dijo, hoy existen demoras enormes para acceder a ese recurso, en algunos casos superiores a un año. Esa espera puede comprometer seriamente la inclusión escolar.
“Estamos hablando de demoras de más de un año para un niño que de repente peligra su inclusión escolar. Es muchísimo”, advirtió.
Para la médica, esa falta de apoyos impacta directamente en el derecho a la educación inclusiva. Sin recursos suficientes, la permanencia en el aula y la participación plena de los niños pueden verse debilitadas.
La presentación dejó planteada una mirada clara: se ha avanzado en sensibilización, diagnóstico precoz y profesionalización, pero todavía falta fortalecer la respuesta educativa y los apoyos especializados. El desafío no termina cuando llega el diagnóstico; empieza también la necesidad de acompañar, sostener y garantizar que cada persona con TEA pueda desarrollar su vida con más comprensión, oportunidades y derechos.


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