La paralización de la planta maltera de Paysandú sigue generando preocupación en el departamento. En los estudios de Radio Paysandú, el dirigente del SOEN Paysandú, Eduardo Alza, profundizó en los argumentos de la empresa y sostuvo que la situación no responde a una crisis económica real, sino a criterios de rentabilidad del grupo empresarial.
“Crisis no hay. Ganancias hay”, afirmó con claridad. Según explicó, la empresa forma parte de un conglomerado internacional que ha ido fusionándose con otras cerveceras a nivel mundial. Si bien no alcanza una posición monopólica por regulaciones internacionales, opera dentro de un esquema de alta concentración de mercado.
Alza señaló que la maltería sanducera no está en default ni en pérdidas. “No es que no ganen, no ganan lo que quieren ganar”, expresó. En su análisis, la decisión de frenar la producción responde a una lógica empresarial similar a la de un negocio financiero: si la rentabilidad no alcanza los niveles proyectados, se ajusta la operación, aunque esta sea positiva.
La medida afecta directamente a 115 trabajadores vinculados a la planta, pero el dirigente sindical insistió en que el impacto va mucho más allá del personal. “No somos solo los trabajadores. Es una región la que se afecta”, advirtió.
La maltería representa aproximadamente el 40% de las exportaciones de Paysandú, un dato que, según Alza, dimensiona la magnitud del problema. El eventual cierre o reducción prolongada de la actividad tendría consecuencias significativas tanto para el departamento como para el país.
“El impacto económico que deja para el país y para el departamento es muy grande”, sostuvo. La planta no solo genera empleo directo, sino que dinamiza una cadena de actividades colaterales vinculadas a servicios, transporte, comercio y proveedores.
El dirigente remarcó que se trata de puestos de trabajo formales, con estabilidad y dentro de las reglas laborales. “Es trabajo en blanco, con todo lo que implica”, subrayó. En ese sentido, alertó que la pérdida de estos empleos puede derivar en mayor precariedad laboral.
“El quedarse sin trabajo genera después una precariedad, trabajadores fuera de regla”, explicó. Para el sindicato, el riesgo no es únicamente la desocupación inmediata, sino el deterioro del tejido social y productivo que puede producirse a mediano plazo.
Si bien el envío al seguro de paro aparece como una medida transitoria, la incertidumbre persiste. Desde el gremio la prioridad es proteger los puestos de trabajo, pero también visibilizar la dimensión estructural del problema.
Alza insistió en que no se trata de una planta inviable ni de una empresa en quiebra. Por el contrario, señaló que el negocio es rentable, aunque no alcanza las expectativas de ganancia que el grupo internacional pretende.
Esa diferencia entre rentabilidad y maximización de ganancias es, para el dirigente, el núcleo del conflicto. “No es que estén perdiendo dinero. No ganan lo que quieren ganar”, reiteró.
La preocupación del sindicato también apunta al rol que puedan asumir actores políticos y sociales para buscar alternativas que permitan sostener la actividad. Dado el peso que la maltería tiene en las exportaciones del departamento, el tema trasciende el ámbito estrictamente sindical.
El eventual debilitamiento de una industria de esta magnitud implicaría menos movimiento económico, menor circulación de recursos y un efecto multiplicador negativo en distintos sectores.
En este contexto, desde el SOEN llaman a dimensionar la gravedad de la situación y a no reducir el debate a una cuestión interna de la empresa. “Primero y principal queremos proteger nuestros puestos de trabajo, pero también el impacto que esto tiene para Paysandú y para el país”, concluyó Alza.
Mientras se aguardan definiciones sobre el futuro de la planta, el mensaje del sindicato es claro: no se trata de una crisis productiva, sino de una decisión empresarial basada en estándares de rentabilidad que pone en riesgo empleo, exportaciones y estabilidad regional.










