
Cuando alguien se aleja: recomiendan preguntar, escuchar y ofrecer ayuda
Esteban OberttiUna pregunta sencilla, una conversación o la invitación a compartir un mate pueden transformarse en una ayuda importante para una persona que atraviesa un momento de sufrimiento emocional.
El psicólogo Sergio Fernández habló en Tarde de Radio, por CW 35 Radio Paysandú, sobre el cambio de paradigma registrado en el abordaje de la salud mental y la prevención del suicidio.
El profesional sostuvo que la respuesta no debe quedar exclusivamente en manos de especialistas o instituciones. La comunidad, los amigos, los compañeros de trabajo y las familias también pueden cumplir un papel fundamental.
“Tenemos que acostumbrarnos a decirle al compañero, al amigo o al familiar: ‘¿Qué te pasa?, ¿te sentís bien?, ¿querés conversar?, ¿nos tomamos un mate?’”, expresó.
Fernández señaló que ese tipo de acercamiento puede contribuir a evitar que una situación de sufrimiento continúe profundizándose en silencio.
No se trata de convertirse en terapeuta ni de tener una solución inmediata. El primer paso puede ser tan simple como mostrar interés, habilitar una conversación y hacerle saber a la otra persona que no está sola.
“Todos somos agentes de nuestra propia salud mental”, afirmó.
El psicólogo explicó que el bienestar emocional está condicionado por numerosos elementos de la vida cotidiana. El empleo, la situación económica, la vivienda, el descanso, la alimentación y la calidad de los vínculos personales pueden influir directamente en cómo se siente una persona.
Tener trabajo, por ejemplo, no significa necesariamente que todas las dificultades estén resueltas.
Fernández planteó que también es necesario observar las condiciones en las que se desarrolla esa actividad laboral: la cantidad de horas, el ambiente, el reconocimiento y la existencia de situaciones de violencia o discriminación.
“Parece que solamente con figurar dentro del porcentaje de personas que tienen trabajo estuviera todo solucionado, pero hay que ver qué tipo de trabajo tenés”, señaló.
Una persona puede tener empleo y, al mismo tiempo, sentirse sobrecargada, desvalorizada o atrapada en un ambiente conflictivo.
A esto pueden sumarse la imposibilidad de descansar, las dificultades económicas, una vivienda inadecuada o relaciones personales que no ofrecen contención.
Todos esos factores, según Fernández, forman parte de la manera en que cada individuo gestiona su salud emocional.
Entre las señales que merecen atención mencionó los cambios en los hábitos sociales.
Una persona que participaba habitualmente de encuentros, reuniones familiares, actividades con compañeros o salidas puede comenzar a alejarse de manera repentina.
Ese aislamiento no implica necesariamente que exista una situación grave, pero puede ser una oportunidad para acercarse y preguntar.
“Puede que no sea nada, pero acostumbrémonos a preguntar: ‘¿Qué te pasa?, ¿estás bien?, ¿por qué no estás yendo?, ¿hay algún problema?, ¿te puedo ayudar?’”, recomendó.
Esa intervención cotidiana puede abrir un espacio para que la persona exprese un conflicto que hasta ese momento no había logrado compartir.
Fernández explicó que aquello que no se pone en palabras puede volverse cada vez más difícil de manejar.
El sufrimiento acumulado puede generar la sensación de estar atrapado, sin alternativas o sin la posibilidad de encontrar una salida.
“Empieza a aparecer en algunas personas la idea de estar atrapadas en situaciones y no ver la luz al final del túnel”, sostuvo.
Hablar no elimina automáticamente el problema, pero puede disminuir la carga emocional y permitir que aparezcan nuevas perspectivas.
“Cuando uno comparte sus problemas, a veces se vuelven más livianos”, afirmó.
El psicólogo insistió en que el abordaje comunitario implica prestar atención a las personas que forman parte del entorno y no naturalizar cambios llamativos en sus comportamientos.
Preguntar con respeto no invade. Por el contrario, puede demostrar que alguien está presente y dispuesto a escuchar.
También permite orientar hacia una consulta profesional cuando la situación lo requiere.
Fernández remarcó que la salud mental no depende únicamente de la voluntad individual. Existen condicionantes sociales, económicos y laborales que deben ser considerados en cualquier estrategia de prevención.
Por eso, el cambio de paradigma apunta a una mirada integral y comunitaria.
La prevención comienza en los servicios de salud, pero también puede comenzar en una casa, un lugar de trabajo, un club, un centro educativo o una conversación entre amigos.
No es necesario encontrar la frase perfecta. A veces alcanza con acercarse, preguntar y quedarse a escuchar.


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