El año agropecuario estuvo marcado por contrastes extremos que dejaron huella en distintos sectores productivos del litoral norte. Así lo señaló el director departamental del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Carlos Oyanarte, en diálogo telefónico con CW35 Radio Paysandú, donde realizó un balance detallado de lo ocurrido en materia climática, productiva y sanitaria.
Según explicó, el invierno pasado fue claramente atípico en comparación con otros años. Durante los meses de junio y julio se registraron temperaturas inusualmente bajas, con mínimas que oscilaron entre los 10 y 12 grados bajo cero, acompañadas por entre 10 y 12 heladas intensas. En algunos casos, estas heladas se dieron de forma consecutiva durante cuatro o cinco días, generando un impacto severo en la producción agrícola.
“Las pérdidas fueron brutales, especialmente en los cítricos”, afirmó Oyanarte. En ese sentido, indicó que en el departamento de Salto, particularmente en empresas citrícolas, se perdió alrededor del 40% de la producción. A esto se sumaron daños significativos en la producción bajo invernáculo, donde cultivos como el tomate y el morrón sufrieron pérdidas muy importantes como consecuencia directa de las bajas temperaturas.
No obstante, el panorama cambió de forma marcada con la salida del invierno. Para el jerarca del MGAP, la primavera fue excepcional. “Con 45 años de relación con el campo, puedo decir que fue una de las mejores primaveras que hemos tenido en muchos años”, subrayó.
El sector ganadero fue uno de los principales beneficiados por este cambio. Oyanarte explicó que el ganado había llegado al final del invierno con una condición corporal deteriorada, habiendo perdido varios kilos, y que el ganado de cría sintió particularmente ese impacto. Sin embargo, la recuperación fue rápida gracias a las lluvias abundantes y bien distribuidas durante la primavera.
“Hubo una gran disponibilidad de forraje, de muy buena calidad, y con agua suficiente”, destacó. Según los registros pluviométricos de la zona de San Francisco una referencia clave para el seguimiento climático—, el acumulado anual fue de 1.159 milímetros, superando el promedio histórico del Uruguay, que ronda los 1.000 milímetros anuales.
El contraste con años anteriores también fue notable. Oyanarte recordó que en 2024 se habían registrado 1.762 milímetros, en lo que calificó como “un año muy lluvioso y muy bueno”, marcando claramente la salida definitiva del período de sequía que había afectado al país.
En cuanto a la actual campaña agrícola, señaló que diciembre cerró con un registro aproximado de 65 milímetros de lluvia, lo que permitió sostener el buen estado general de los cultivos. Sin embargo, advirtió que la primavera también estuvo marcada por una importante variación térmica, con mañanas y noches muy frías, lo que provocó un enlentecimiento en el desarrollo de algunos cultivos de verano, especialmente los de siembra temprana.
A pesar de ello, el balance general es positivo. Oyanarte mencionó que se registraron algunos problemas sanitarios, como la presencia de fusarium en cultivos de trigo y cebada, pero aclaró que no comprometieron de forma generalizada la producción.
“Todo lo que es siembra de primera está en muy buen estado”, aseguró, mencionando específicamente a la soja de primera y al maíz de primera, que se presentan vigorosos, sanos y con muy buenas perspectivas de rendimiento.
En definitiva, el director departamental del MGAP destacó que, si bien el año comenzó con un invierno extremadamente duro y con pérdidas significativas en algunos rubros, la primavera permitió una recuperación sólida del sistema productivo. “El campo respondió muy bien”, concluyó, remarcando que las condiciones actuales permiten mirar la campaña con moderado optimismo, especialmente en lo que refiere a la producción agrícola y ganadera del litoral norte.










